Un torero en televisión: “Nosotros respetamos a los animales desde el sentimiento y desde las emociones”

El sábado por la noche, Telecinco emitió un interesante debate titulado “¿Está la Fiesta Nacional en decadencia?“, donde antitaurinos y protaurinos argumentaron sus posturas con datos, opiniones y experiencias personales. A pesar de su corta duración y de ciertos momentos en que no se respetaban los turnos de palabra, quedó claro el mensaje que unos y otros quisieron transmitir. Pero, durante su transcurso, percibí que los protaurinos tuvieron serias dificultades para defender la esencia de las corridas de toros.

En 2011 se celebraron 620 corridas en España (333 menos que en 2007), lo cual pone de manifiesto que la afluencia de personas a las plazas de toros ha disminuido. Son datos que, según Jordi González (conductor del debate), han sido proporcionados por el Ministerio de Cultura, pero Fernando Sánchez Dragó (protaurino) se atrevió a cuestionarlos aportando cifras cuya fuente aún desconozco. También insinuó que en otros muchos países todavía se celebran espectáculos taurinos cuando, en realidad, la tauromaquia ha sufrido un claro declive desde sus orígenes.

El origen de la tauromaquia data de la prehistoria cuando el ser humano cazaba toros para alimentarse, aunque los primeros espectáculos taurinos tuvieron lugar durante los últimos años del Imperio Romano (27 a. C. – 476 d. C.) como pretexto para condenar a prisioneros de guerra, desertores del ejército y esclavos. Pero no fue hasta el siglo XVIII cuando la tauromaquia se extendió por toda Europa tal y como la conocemos actualmente. No obstante, durante la Ilustración (movimiento cultural, intelectual y moral europeo que se desarrolló entre finales del siglo XVII y principios del siglo XIX) numerosos intelectuales se opusieron a la tortura animal pública y durante el siglo XIX se prohibieron los espectáculos taurinos en Europa, excepto en España. Posteriormente, se trasladaron a Sudamérica, pero países como Panamá, Brasil y México han presentado iniciativas para prohibirlos.

Pero, sin duda alguna, uno de los momentos más deprimentes del debate fue cuando el profesor Mosterín (antitaurino) increpó contra el torero que había en el bando de los protaurinos (me abstengo de decir su nombre porque considero poco ético hacer publicidad de un asesino) y éste, inmediatamente, afirmó que “nosotros también respetamos a los animales desde el sentimiento y desde las emociones“. Un argumento digno de alguien impotente que trata de defender lo indefendible con frases absurdas e hilarantes.

Otro momento no menos patético fue cuando otro miembro del bando de los protaurinos afirmó que “al toro se le da un momento de honor en la plaza de toros“. A veces la incongruencia alcanza límites tan elevados que sobran las palabras para rebatirla.

Henry F. Amiel (1821-1881, escritor suizo) dijo que “la bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir”. ¿Acaso una civilización moderna no debería aprender a respetar la vida ajena?

Hablar desde el corazón racionaliza los pensamientos. Edificar unos ideales desde la perspectiva del dinero y el poder anula la capacidad crítica y reflexiva. Esta es la conclusión que obtuve al finalizar el debate.

Y, como bien afirmó Concepción Reyero (miembro de un partido antitaurino), “lo mismo que han desaparecido los circos romanos y las luchas de gladiadores, también las corridas de toros desaparecerán”.

Imagen | stevendepolo (Licencia Creative Commons).

Artículo escrito por Gabriel Blanch

Siento debilidad por el ser humano, amo la escritura y me gusta emprender proyectos. Consciente de la relación entre mis grandes pasiones, he decidido fusionarlas para transmitir ideas que enfaticen el sentido de nuestra existencia y caminemos juntos por los senderos de la felicidad.