“Si no hubiera prostitución violaría a mujeres”

Hace varias semanas, tuve la oportunidad de ver un interesante debate emitido en Telecinco titulado “¿Se debe legalizar la prostitución?” que reunió a profesionales de distintos campos para ahondar en las entrañas de una realidad lúgubre que esconde sueños truncados (especialmente entre jóvenes extranjeras), vejaciones y una despersonalización de la mujer que la relega a convertirse en un simple trozo de carne que vende su cuerpo para atraer dinero. Por supuesto, también hay muchas personas que ejercen la prostitución voluntariamente sin tener que rendir cuentas a su verdugo.

El debate fue muy productivo. Se plasmaron datos relevantes que ofrecían una visión dilatada de la situación que se vive en España. Incluso, hubo momentos de tensión en que era imposible llegar a un consenso dada la disparidad de opiniones que había entre los participantes. Pero un espectador del público, profirió una declaración que anonadó a los presentes y, en cuestión de pocos segundos, unificó la opinión de todos: “si no hubiera prostitución violaría a mujeres“. Tras la indignación general y la increpación de algunos, el conductor del programa zanjó el asunto de manera excelente pidiendo educadamente al sujeto que tenía prohibido intervenir en lo que quedaba de programa.

Probablemente, una amplia mayoría coincidiremos en que los adjetivos que afloran en nuestras mentes tras escuchar algo así son muy similares pero, en el presente artículo, trataremos de ir más allá y abordaremos los argumentos antropológicos y criminológicos que explican este tipo de conducta.

La violación sexual es un acto que vulnera la libertad y la dignidad de la víctima que lleva implícito un ataque directo hacia su estado emocional y, posiblemente, hacia su integridad física. No obstante, la objetivación de los daños psicológicos dependerá de la fortaleza emocional de la víctima y de las actividades que pueda llevar a cabo para restablecer su situación. Para culminar el delito sexual el agresor suele aplicar tres tipos de violencia:

  • Violencia estructural: conjunto de acciones que lleva a cabo para contrarrestar la oposición física de la víctima.
  • Violencia de aterración: tendencia a someter a maltrato psicológico a la víctima para denigrarla y tener un mayor control de la situación.
  • Violencia instrumental: anteposición de su voluntad  frente al deseo de la víctima privándola así de libertad.
No se trata, ni mucho menos, de una realidad reciente que trate de limitar el progreso de la mujer en su ardua conquista de derechos y libertades. Ya en la Edad Antigua, el Código de Hammurabi tipificaba la violación como delito. Si el agresor violaba a una mujer virgen, era condenado a muerte. En cambio, si la víctima era una mujer casada, ambos (agresor y víctima) eran condenados a muerte.

Ante la enorme repercusión que ha tenido la violación sexual a lo largo de la historia, diversos autores han realizado multitud de investigaciones para explicar las razones que motivan a los agresores para cometer delitos sexuales. No obstante, por el momento no hay un consenso dado que hay dos principios que mantienen divididos a los autores. Unos defienden que el objetivo principal de la violación sexual es la violencia física y que el acto puramente sexual es secundario (principio social). Otros argumentan que la violación sexual es un acto de sexualidad natural que todo hombre desea llevar a cabo, pero se lo impide la necesidad de tener prestigio moral y social (principio adaptacionista). A partir de dichos principios, veamos qué circunstancias pueden crear agresores sexuales:

  • Madre represora: niños que han tenido madres muy estrictas que no han logrado satisfacer sus necesidades emocionales pueden desarrollar aversión hacia las mujeres en edades adultas.
  • Complejo de Edipo: teoría psicoanalítica desarrollada por Sigmund Freud caracterizada por la presencia de un sentimiento amoroso y/o de rechazo hacia los padres. También puede provocar deseos de mantener relaciones sexuales con el progenitor del sexo opuesto, lo cual puede generar un gran sentimiento de frustración que puede desembocar en manifestaciones más graves en edades adultas.
  • Rechazo femenino: cuando un hombre es rechazado continuamente por las mujeres, puede afectar gravemente a su masculinidad y, como consecuencia, puede desarrollar conductas violentas hacia las mujeres para tratar de rehabilitar transitoriamente su complejo.
  • Teoría del coste reproductivo diferencial: la implicación de la mujer en el proceso de reproducción requiere mucho esfuerzo (copulación, gestación y lactancia). En cambio, el esfuerzo del hombre es mínimo (estimulación, copulación y eyaculación). Esto explica que el hombre tenga un deseo sexual más intenso y que la mujer sea más selectiva.
  • Teoría de la atracción por la violencia sexual: establece que la violencia hacia las mujeres es la principal motivación del agresor y que el acto sexual es secundario. Normalmente, se da en hombres misóginos (que sienten odio hacia las mujeres) que alimentan su condición humillándolas y agrediéndolas.

Es evidente que la figura del agresor sexual genera repulsión, odio y un rechazo indescriptible, pero me parece interesante conocer los principios que motivan a estos delincuentes para cometer actos tan atroces y despiadados. Todos, en un momento dado, podemos proferir palabras malsonantes que permiten exteriorizar impotencia e irritación, pero pienso que es importante ir más allá de lo que ven nuestros ojos para hablar con propiedad. Y ahora, en el tema que nos compete, ya estamos en disposición de hacerlo (por lo menos, quien escribe estas líneas).

Fuente | smhbudokan.wcart y noticias.jurídicas
Imagen | Kennyrivas (Licencia Creative Commons)

Artículo escrito por Gabriel Blanch

Siento debilidad por el ser humano, amo la escritura y me gusta emprender proyectos. Consciente de la relación entre mis grandes pasiones, he decidido fusionarlas para transmitir ideas que enfaticen el sentido de nuestra existencia y caminemos juntos por los senderos de la felicidad.