“Me sorprende que 100.000 personas en paro griten entusiasmadas a 22 personas que ganan millones de euros”

Con estas palabras, un directivo del Real Madrid C. F. manifiesta su asombro al contemplar la realidad que se forma en torno a los partidos de fútbol, una realidad ajena a los quehaceres cotidianos que, además de fomentar las relaciones sociales, incrementa los niveles de adrenalina y motiva a desprenderse de la tensión acumulada durante la semana. Pero estamos hablando de una afición donde el poder adquisitivo alcanza un protagonismo desorbitado y, cuando menos, resulta paradójico que en los tiempos que corren la asistencia a los campos de fútbol de Primera División no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado en medio millón de espectadores en los últimos tres años.

A principios de este mes, se contabilizaron más de cinco millones seiscientas mil personas en situación de desempleo, una cifra nada desdeñable que refleja el cambio social que estamos sufriendo. Pero, lejos de servir de lección para crear más conciencia económica, las personas se han convertido en esclavas de sus propios deseos. Prueba de ello es que también ha aumentado el número de fumadores y el consumo de drogas (en absoluto pretendo insinuar que tabaco, drogas y fútbol vayan ligados).

El profundo pesimismo que asola a multitud de familias incita a participar en actividades que provocan evasión y bienestar. Y es comprensible. Pero actuar en base a impulsos conlleva un riesgo muy elevado de equivocación.

Como bien afirma José Luis Sampedro (escritor, humanista y economista español), “no estamos educados para pensar“. De modo que, habitualmente, los deseos y los impulsos desempeñan un papel fundamental en nuestra toma de decisiones. Decisiones irracionales que impiden conocer el verdadero motivo por el cual actuamos. Y es por ello que protagonizamos situaciones tan extravagantes que por sí solas deberían hacernos reflexionar. ¿Es racional que la ciudadanía manifieste su disconformidad con los salarios de los políticos, pero nadie muestre indignación por las cantidades astronómicas de dinero que reciben los futbolistas? ¿Es racional que familias en paro paguen 100 euros para ver un partido de fútbol? ¿Es racional que en tiempos de precariedad no optemos por ahorrar para prevenir situaciones desagradables en un futuro?

Apenas hay difusión de cultura financiera, pero tampoco hacemos el esfuerzo de informarnos. Preferimos evadirnos completamente de la realidad y vivir una utopía efímera que alimenta nuestra irracionalidad sumergiéndonos en un círculo vicioso que atrapa con mucha facilidad. Si no somos capaces de adecuar nuestros pensamientos a las distintas circunstancias que conforman nuestro día a día podemos entrar en una espiral de autodestrucción que podría anularnos como personas. Y, sin duda alguna, el fútbol es un círculo que se retroalimenta continuamente y puede predisponer a distorsionar la realidad, especialmente a las mentes más débiles.

Fuentes | sociedad.elpais y antena3
Imagen | es.fotopedia (Licencia Creative Commons)

Artículo escrito por Gabriel Blanch

Siento debilidad por el ser humano, amo la escritura y me gusta emprender proyectos. Consciente de la relación entre mis grandes pasiones, he decidido fusionarlas para transmitir ideas que enfaticen el sentido de nuestra existencia y caminemos juntos por los senderos de la felicidad.