El intrusismo profesional crece en España

Ayer por la noche vi Equipo de Investigación (Antena 3), un programa de cámara oculta que destapa irregularidades y entramados de individuos y grupos organizados que operan en nuestro país.  El tema tratado fue el intrusismo profesional, una práctica que, sorprendentemente, va en aumento. No puedo evitar pensar en la gran cantidad de personas que tienen su titulación homologada, que han invertido años de esfuerzo y sacrificio para formarse, que saben idiomas, que tienen experiencia laboral… pero se ven obligados a aceptar contratos irrisorios o, directamente, no encuentran empleo. El intrusismo profesional crece en España a un ritmo alarmante y debemos ser precavidos cuando acudamos a determinados profesionales que están dispuestos a arruinar nuestras vidas para satisfacer sus deseos más banales.

En el centro de Madrid hay una peluquería regentada por una esteticista que realiza técnicas invasivas para rellenar los labios o eliminar arrugas del rostro utilizando biopolímero (silicona líquida), un compuesto altamente peligroso que está prohibido por las autoridades sanitarias europeas. Además, es una práctica que debería ser realizada por un médico, aunque la protagonista se defiende argumentando que obtuvo la titulación de cosmetría en Perú que la capacita para realizar dichas técnicas, aunque en España no exista la titulación. También quiso vender un tratamiento de yesoterapia para perder peso, lo cual supone una falta grave porque, una vez más, está incurriendo en un delito de intrusismo profesional poniendo en riesgo la salud de los clientes.

Susana y María acudieron a una clínica de Tenerife para operarse de los pechos y de los párpados, respectivamente. Ambas fueron intervenidas por el mismo “cirujano”, un individuo que terminó la carrera de medicina (le capacita para ser médico generalista) pero no cursó la especialidad de cirugía plástica, estética y reparadora. A Susana le deformó los pechos y a María le causó una lesión en el músculo del párpado que le obligó a estar un año sin poder abrir el ojo. Pasado un tiempo, Susana acudió a la clínica para hacerle unas preguntas al médico que la operó, pero fue imposible localizarlo. Lo peor de todo es que hay constancia de que se sigue presentando como cirujano y ejerce como tal.

Moraima Jesús, una de las detenidas en la Operación Empaste, continúa ejerciendo como dentista sin tener la titulación. En el Colegio de Odontólogos de Madrid no consta como colegiada. Además, el lugar donde ejerce está registrado únicamente como clínica odontológica, pero también hay pediatría, ginecología y nutrición.

¿Puede un falso médico colarse en un hospital para ejercer como tal? Sí, sí puede. Parece increíble que se pueda ejercer una profesión tan delicada sin titulación, pero en Valencia una mujer estuvo trabajando 5 meses en el servicio de urgencias del Hospital de Valencia y, posteriormente, hizo una sustitución en otro hospital, lugar donde la descubrieron porque, obviamente, utilizaba el número de colegiado de otro facultativo.

Antonio Solivellas, un joven mallorquín, se hizo pasar por médico, enfermero y piloto de avión. Trabajó una semana en un hospital, dos semanas como enfermero en un centro de salud y fingió tener una importante empresa de transporte aéreo. Fue descubierto en sus tres intentos de estafa y, actualmente, se encuentra en paradero desconocido.

En Mérida, un joven que no terminó la carrera de derecho ejercía como abogado y estafó a varios ancianos. Su buena presencia y su verborrea hicieron creer a sus clientes que era un buen abogado. Pero la verdad salió a la luz cuando Francisco, uno de los estafados, le pagó 1.000 euros y nunca más volvió a saber de él.

Llegados a este punto, resulta inevitable cuestionarse lo siguiente: ¿Cómo puede ser tan fácil conseguir un título académico falso? En realidad, resulta más fácil de lo que pensábamos. Algunas organizaciones como, por ejemplo, el SIT de Cádiz, ha expedido miles de títulos falsos por tan sólo 80 euros. En internet hay múltiples anuncios que garantizan la obtención de un título universitario pagando 2.000 euros, previa inscripción en la universidad que supuestamente expide la titulación para constar como estudiante de la misma. Otro fenómeno muy extendido es la suplantación de identidad en exámenes, es decir, pagar a una persona experta en una determinada materia para que haga el examen por nosotros.

¿Cómo es posible que algunos de los individuos mencionados continúen con su actividad con total impunidad? Sencillamente, porque delinquir les sale rentable. El intrusismo profesional está penado con multas de 300 ó 400 euros (dicho por un abogado que colaboró en el reportaje), dinero que recopilan en menos de un mes de trabajo.

Cuando acudáis a cualquier profesional, especialmente si está relacionado con la salud, aseguraos de que tiene la titulación oficial homologada y que su empresa consta en el registro mercantil. Si se trata de una profesión colegiada (médicos, abogados, arquitectos, dentistas…) podéis llamar al respectivo colegio (Colegio de Médicos de Barcelona, Colegio de Odontólogos de Madrid…) especificando la ciudad donde ejerce su profesión para que os informen sobre si la actividad desempeñada es legal o no. Ante la menor sospecha de intrusismo profesional, emprende acciones legales. Hoy son otros los perjudicados, pero mañana puedes ser tú.

Imagen | Gerardo Porras (Licencia Creative Commons)

Artículo escrito por Gabriel Blanch

Siento debilidad por el ser humano, amo la escritura y me gusta emprender proyectos. Consciente de la relación entre mis grandes pasiones, he decidido fusionarlas para transmitir ideas que enfaticen el sentido de nuestra existencia y caminemos juntos por los senderos de la felicidad.

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