Causas del alcoholismo juvenil

   

En los últimos años, el consumo de bebidas alcohólicas ha aumentado considerablemente entre la población joven. En España más del 75% de adolescentes consume alcohol de forma regular y un 30% reconoce que se ha emborrachado durante el último mes, unos datos muy preocupantes que ponen de manifiesto que algo no va bien. El Dr. Bartolomé Pérez Gálvez, psiquiatra del Hospital de San Juan de Alicante, afirma que estamos ante una problemática que, en un periodo de cinco, diez o quince años máximo, provocará casos de alcoholismo de mayor gravedad en comparación con los que se dan actualmente.

Muchos defienden que la juventud siempre ha consumido alcohol y no entienden por qué ahora se criminaliza tanto su consumo. Antaño, los jóvenes no empezaban a beber a los 12 ó 13 años y la periodicidad de consumo y las cantidades eran mucho menores. Además, se fomentaban las relaciones humanas y predominaban hábitos más saludables.

Las causas que motivan el consumo de alcohol en adolescentes son varias, pero nos centraremos en aquellas que nos repercuten directamente a nosotros como adolescentes consumidores o familiares de adolescentes.

Amigos

“Yo controlo”. “Sé cuándo debo parar”. “Sólo bebo un poco hasta que cojo el punto”. “Cuando bebo me lo paso mejor”. “No pasa nada por beber sólo lo fines de semana”.

Estas y otras muchas frases profieren nuestros jóvenes cuando se les pregunta acerca del consumo de alcohol. Algunos, incluso, afirman que no les gusta el sabor, pero se sienten “obligados” a beber para seguir el ritmo de sus amigos.

Todos necesitamos tener sentimiento de pertenencia para mantener nuestra estabilidad emocional. Los adolescentes, normalmente, sienten la necesidad de formar parte de un grupo de personas con inquietudes afines para compartir sentimientos y experiencias varias (especialmente lúdicas). Este sentimiento puede aumentar si el adolescente no recibe la atención suficiente por parte de sus padres, lo cual provoca que se sienta menos identificado con su familia y magnifique el sentimiento hacia sus amigos.

Padres

Un grupo de investigadores de la Fundación Joseph Rowntree, dirigido por Pamela Bremner, ha demostrado que el comportamiento de los padres puede influir directamente en el consumo de alcohol de sus hijos. En el estudio participaron 5.700 adolescentes, con edades comprendidas entre los 13 y los 16 años, y se analizó cómo y por qué consumían alcohol llegando a las siguientes conclusiones:

  • Los niños que ven a sus padres embriagados (aunque sólo sea puntualmente) tienen mayor riesgo de consumir alcohol.
  • 1 de cada 5 se había emborrachado antes de los 14 años.
  • La mitad de los participantes se había emborrachado antes de los 16 años.
  • 7 de cada 10 participantes de 14 años y 9 de cada 10 participantes de 16 años había bebido alcohol antes de los 13 años.
  • Si el adolescente pasa dos noches a la semana con sus amigos el riesgo de beber alcohol se duplica.

Las conclusiones engloban datos relacionados con los padres y los amigos, pero se trata de dos aspectos íntimamente relacionados entre sí. Desde la Fundación Joseph Rowntree advierten que “si un adolescente bebe sin supervisión se incrementa el riesgo de que se emborrache”.

En los últimos años, la comunicación en los hogares ha menguado y, en muchas ocasiones, los padres llegan a casa extenuados tras una interminable jornada laboral y prefieren tener a sus hijos entretenidos con la consola o la televisión antes que estimular la concienciación acerca de temas como el sexo, las drogas o el alcohol.

Incumplimiento de la ley

Si bien es uno de los aspectos más relevantes, no depende directamente de nosotros. La ley prohíbe la venta de alcohol a menores de edad. Sin embargo, las cifras parecen indicar todo lo contrario. La falta de compromiso por parte de los establecimientos comerciales y la permisividad de los ayuntamientos facilitan descaradamente el acceso de menores a bebidas alcohólicas.

Solución

Es evidente que el cumplimiento de la ley es fundamental para reducir los casos de alcoholismo juvenil. También sería muy útil potenciar la educación y hacer más campañas nacionales, pero os hablaré de una solución que un servidor aplicó con su hermano y, de momento, ha funcionado.

Tengo 27 años y únicamente he bebido alcohol 3 ó 4 veces contadas, lo suficiente para darme cuenta de que, por el momento, es lo más insignificante que he hecho nunca. Mi hermano, de 17 años, está en la edad de riesgo social (como diría el juez Calatayud) y yo, consciente de ello, le hablo continuamente sobre la nocividad de las drogas y el alcohol, las medidas que deberá tomar cuando tenga la primera relación sexual y la importancia de formarse para adquirir conocimiento y alcanzar sus sueños. Son charlas de escasos minutos, pero reiteradas.

Un día, cuando aún tenía 16 años, me dijo que le gustaría salir con sus amigos a la discoteca. Sabía que ocurriría en cualquier momento, por lo que no me sorprendió en absoluto. Nunca ha manifestado un interés acérrimo en pisar una discoteca, pero quería experimentar. Mi intervención fue clara y contundente:

“Me ha gustado que compartas esta inquietud conmigo. Sería inútil prohibirte que vayas a la discoteca, lo acabarías haciendo a escondidas. No obstante, te pido, por favor, que lo pases bien y disfrutes de la experiencia, pero reflexiona si realmente te hace feliz vivir este tipo de situaciones. Sé que beberás alcohol pero, por favor, reflexiona si actuar así te resulta placentero. Sé que actuarás en función de lo que hagan tus amigos pero, por favor, reflexiona si vale la pena renunciar a lo que verdaderamente te diferencia de los demás: tu personalidad”.

Nos dimos un abrazo, le di un enérgico beso y se fue.

Un año después, no ha vuelto a probar el alcohol ni ha pisado una discoteca. Se lo pasó muy bien, bebió alcohol y comprendió que momentáneamente estuvo desinhibido y vivió una nueva experiencia. Pero comprendió que lo hizo porque lo hacían todos, no porque él quisiera.

Los adolescentes, como cualquier ser humano, necesitan ser amados, escuchados y respetados. Si en casa reciben la educación que merecen y se sienten queridos, respetados y escuchados difícilmente actuarán en contra de sus principios. La perspectiva de la vida puede ser muy incoherente, pero si padres, hermanos y profesores apoyamos a los adolescentes y los encaminamos en la dirección correcta, la coherencia puede ganar terreno para que despierten de un sueño que, a día de hoy, los mantiene muy alejados de la realidad.

Imagen | Cedida por BocaDorada (Licencia Creative Commons)

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Artículo escrito por Gabriel Blanch

Siento debilidad por el ser humano, amo la escritura y me gusta emprender proyectos. Consciente de la relación entre mis grandes pasiones, he decidido fusionarlas para transmitir ideas que enfaticen el sentido de nuestra existencia y caminemos juntos por los senderos de la felicidad.

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