Cuando podemos acceder a algo fácilmente, no lo valoramos. Cuando nos falta, añoramos su ausencia. Somos así de desagradecidos.
¿Cuántos de vosotros os imagináis viviendo sin una extremidad? Resulta inevitable pensar que para desenvolvernos con normalidad debemos preservar nuestra integridad física, cuando en realidad no es así. Y si no, que se lo pregunten a Reinaldo Ojeda, un bailarín de salsa colombiano que, con 6 meses de vida, perdió su pierna izquierda porque durante el nacimiento quedó enrollada por el cordón umbilical y dificultó la llegada de sangre.
Lejos de sucumbir ante la adversidad (además de sus limitaciones obvias, cuando era niño sufría porque sus compañeras no querían bailar con él) decidió salvar los obstáculos y adaptar sus circunstancias a sus actividades diarias.
Con tan sólo 7 años, su madre ya le sacaba a bailar en las fiestas familiares y con 11 años debutó en un bar, al cual acudía frecuentemente con su hermano gemelo. Desde entonces, lo que empezó siendo una invitación (se hizo bailarín motivado por su madre), se ha convertido en su gran pasión, en la razón para iniciar un nuevo día, en el motor de su existencia.
Según sus propias palabras, “la discapacidad es no querer vivir“, y quien escribe estas líneas está absolutamente de acuerdo con su declaración. La vida se compone de periodos en los que vivimos una realidad agradable y deseada, pero no está exenta de situaciones no deseadas que entorpecen nuestra dinámica habitual. Todos estamos dispuestos a vivir y disfrutar los buenos momentos, pero si no tenemos la voluntad de superar los contratiempos significa que no tenemos ganas de vivir.

Cuando se pone empeño en realizar un sueño , no existe impedimento alguno para lograrlo.
Ya que decidimos que poseemos las suficientes fuerzas para vivir plenamente. A pesar de los escollos que la vida nos presenta.
Un ejemplo digno a seguir, en el que logró realizar su anhelo, bailar.
Efectivamente, Enriqueta. Todo está en nuestra mente, aunque la educación es muy importante porque si desde pequeño te dicen que no puedes hacer algo, muy probablemente seas incapaz de hacerlo. De todos modos, Reinaldo nos da un claro ejemplo de que preservar la integridad física no es imprescindible para desenvolvernos con normalidad (aunque obviamente, su situación requiere un esfuerzo añadido y un entrenamiento para adaptarse correctamente).