Bailando con una pierna

Cuando podemos acceder a algo fácilmente, no lo valoramos. Cuando nos falta, añoramos su ausencia. Somos así de desagradecidos.

¿Cuántos de vosotros os imagináis viviendo sin una extremidad? Resulta inevitable pensar que para desenvolvernos con normalidad debemos preservar nuestra integridad física, cuando en realidad no es así. Y si no, que se lo pregunten a Reinaldo Ojeda, un bailarín de salsa colombiano que, con 6 meses de vida, perdió su pierna izquierda porque durante el nacimiento quedó enrollada por el cordón umbilical y dificultó la llegada de sangre.

Lejos de sucumbir ante la adversidad (además de sus limitaciones obvias, cuando era niño sufría porque sus compañeras no querían bailar con él) decidió salvar los obstáculos y adaptar sus circunstancias a sus actividades diarias.

Con tan sólo 7 años, su madre ya le sacaba a bailar en las fiestas familiares y con 11 años debutó en un bar, al cual acudía frecuentemente con su hermano gemelo. Desde entonces, lo que empezó siendo una invitación (se hizo bailarín motivado por su madre), se ha convertido en su gran pasión, en la razón para iniciar un nuevo día, en el motor de su existencia.

Según sus propias palabras, “la discapacidad es no querer vivir“, y quien escribe estas líneas está absolutamente de acuerdo con su declaración. La vida se compone de periodos en los que vivimos una realidad agradable y deseada, pero no está exenta de situaciones no deseadas que entorpecen nuestra dinámica habitual. Todos estamos dispuestos a vivir y disfrutar los buenos momentos, pero si no tenemos la voluntad de superar los contratiempos significa que no tenemos ganas de vivir.

Artículo escrito por Gabriel Blanch

Siento debilidad por el ser humano, amo la escritura y me gusta emprender proyectos. Consciente de la relación entre mis grandes pasiones, he decidido fusionarlas para transmitir ideas que enfaticen el sentido de nuestra existencia y caminemos juntos por los senderos de la felicidad.