Desde muy joven, siempre me ha llamado la atención la existencia de tantas personas amargadas y frustradas que tratan de neutralizar la voluntad ajena inoculando apatía y derrotismo a todo ser inconformista que lucha por materializar sus sueños. Y es que, a lo largo de mi vida, he tenido la desagradable oportunidad de toparme con multitud de individuos que han tratado de tirar por tierra algunas de mis aspiraciones. Y debo reconocer que, durante un corto periodo de tiempo, consiguieron transmitirme sus miserias y sucumbí ante el intenso desapego de ciertas personas. Pero he asumido que soy un aprendiz eterno y sé que desde el momento en que renuncie a interiorizar y afrontar la adversidad, dejaré de ser humano para convertirme en un déspota carente de cualidades emocionales que enfaticen mi condición de ser humano.
“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo“. Con estas maravillosas palabras se dirige Chris Gardner a su hijo en la película “En busca de la felicidad” cuando le invita a abandonar la práctica del baloncesto porque considera que nunca destacará. Salvo muy contadas excepciones, el fracasado transmite sensación de fracaso y el alegre transmite sensación de alegría. Interactuar continuamente con una persona que no se ha autorrealizado puede romper nuestro equilibrio emocional, pero jamás olvides que sus palabras pueden redimir tus debilidades y potenciar tus virtudes. Un fracasado tiende a hablar desde el complejo, no desde la razón.

A un ser humano se le puede quitar todo en la vida, menos su conocimiento, sus pensamientos y sus sueños, que son ideas positivas cargadas de ilusión y de esperanza.
De esta forma será un fracasado más.Nunca dejarse manipular por los que no creen en que en la vida se puede realizar lo se ansía lograr, para superarse plenamente.