El año que trafiqué con mujeres

Hace varios meses terminé de leer “El año que trafiqué con mujeres“, una obra escrita por Antonio Salas que traslada al lector al lúgubre y desconocido mundo de las mafias de prostitución, una realidad extendida mundialmente que genera cuantiosas sumas de dinero a cambio de la despersonalización y el sufrimiento de millones de niñas y mujeres.

Antonio Salas, que utiliza un seudónimo por cuestiones obvias, es un periodista de investigación que se ha sumergido en las entrañas de sectas, bandas de drogas, grupos de crimen organizado, colectivos extremistas y una importante red de prostitución internacional.

En “El año que trafiqué con mujeres” relata sus vivencias como falso comprador de niñas. Equipado con su cámara oculta y con un guión integrado en su cerebro para manifestar la frialdad y la deshumanización de un proxeneta, grabó espeluznantes conversaciones con vendedores de niñas, testimonios de prostitutas que afirmaban haber sido engañadas, la presencia de políticos y empresarios en clubes de alterne, la doble vida de conocidas presentadoras de televisión y modelos… un submundo que muestra, tras la belleza de la mujer y su aparente ejercicio voluntario de la prostitución, una situación que humilla, maltrata y cohíbe.

Las mafias no sólo controlan a sus víctimas, sino que, en caso de fuga o desobediencia, pueden arremeter contra lo que más quieren: sus familias. Las chicas que provienen de África, además de ser engañadas pensando que vienen a Europa para ejercer de modelos u otras profesiones que les permitirán ayudar a sus seres queridos, una vez sometidas a la tiranía de los proxenetas reciben amenazas de poner en práctica rituales que pueden hacer daño a sus familiares o, incluso, a ellas mismas.

Fingen no conocer el idioma en que se les habla para no levantar sospechas, sólo viven para mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad, en muchas ocasiones no utilizan preservativo y enferman, no saben si volverán a ver a sus familias, sus necesidades básicas apenas están cubiertas… Aun así, un determinado sector de la prensa escrita mantiene anuncios de contactos sexuales. Otros, que anteponen la ética al dinero, han suprimido dichos anuncios a sabiendas de lo que realmente promocionan.

Pero, ¿sabéis quién es el auténtico protagonista de esta realidad? Cada uno de nosotros. Si antepusiéramos la objetividad a la satisfacción de nuestros instintos primarios, en poco tiempo desaparecería este formato de negocio. No obstante, en vista de lo sobrevalorado que está el sexo, el placer continuará predominando antes que el respeto, la empatía y el sentimiento de culpabilidad por ser partícipes de semejante exterminio moral y físico.

Artículo escrito por Gabriel Blanch

Siento debilidad por el ser humano, amo la escritura y me gusta emprender proyectos. Consciente de la relación entre mis grandes pasiones, he decidido fusionarlas para transmitir ideas que enfaticen el sentido de nuestra existencia y caminemos juntos por los senderos de la felicidad.