Vivimos anclados en el letargo de la inmortalidad, paralizados por el estupor de la ambición, impasibles ante la brisa del amor. Sólo cuando asumimos la brevedad de nuestra existencia nos afanamos en cultivar el presente y en adornar nuestra conciencia de sentimiento puro.
Gabriel Blanch Ríos, un ciudadano más.
PD: esta reflexión es producto de la lección que un buen amigo me ha enseñado en un periodo en que mi comportamiento no fue el más adecuado. Gracias, Néstor.
