Los hechos previsibles elevan el estado de ánimo. La espontaneidad magnifica los sentimientos.
Gabriel Blanch Ríos, un ciudadano más.
Los hechos previsibles elevan el estado de ánimo. La espontaneidad magnifica los sentimientos.
Gabriel Blanch Ríos, un ciudadano más.
En España, la fibromialgia afecta a más de tres millones de personas y se estima que entre un 3 y un 6% de la población mundial sufre la enfermedad, una realidad oculta tras los prejuicios que la acompañan como consecuencia de un profundo desconocimiento científico y social que genera confusión y dudas.
Se trata de una enfermedad estigmatizada porque no hay signos visibles que manifiesten su presencia, de modo que la incredulidad se cierne sobre los más escépticos (lo achacan a enfermedad mental y acusan al enfermo de llamar la atención, de no querer trabajar…) y el sufrimiento se hace presente en los enfermos.
La fibromialgia es una enfermedad crónica (reconocida por la Organización Mundial de la Salud en 1992) que afecta al sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y se caracteriza principalmente por un aumento de la sensibilidad a estímulos mínimos (cambios de temperatura, ejercicio muscular…) que provoca dolores generalizados, cansancio, trastornos del sueño y disminución de la actividad de la glándula tiroides (normalmente provoca fatiga, aumento de peso y depresión).
Hasta el momento, disponemos de tratamientos paliativos (no curativos) que alivian los síntomas y mejoran la calidad de vida del enfermo pero, en ocasiones, los dolores empeoran y los medicamentos no son efectivos. No obstante, un estudio desarrollado en Estados Unidos ofrece un halo de esperanza a quienes padecen la enfermedad.
Un grupo de científicos de la Universidad de Nueva York, encabezado por Kathryn Curtis, estudiante de doctorado del Departamento de Psicología, ha demostrado que el yoga reduce el dolor en personas con fibromialgia debido a la variación de los niveles de cortisol (hormona que nos permite estar activos en situaciones de estrés facilitando la liberación de glucosa en la sangre para enviar energía a los músculos). Sabemos que las personas que padecen fibromialgia tienen los niveles de cortisol bajos, lo cual predispone a sufrir los síntomas ya descritos. Pero, durante el transcurso del estudio, se tomaron muestras de saliva de los participantes (todos enfermos de fibromialgia) tras someterse a un programa de 75 minutos de yoga dos veces por semana durante un total de ocho semanas y se detectaron niveles de cortisol más elevados. Además, rellenaron unos cuestionarios para determinar las características del dolor antes y después de practicar yoga y manifestaron una mejora considerable del estado físico (menos dolor) y mental (estado de ánimo elevado, resignación positiva y mayor optimismo).
En realidad, sabemos muy poco sobre la enfermedad; desconocemos su origen, no se han descubierto tratamientos curativos y no sabemos cómo prevenirla. Pero considero que es importante no “castigar” a los enfermos y aprender a escuchar su sufrimiento. A veces, las palabras son incapaces de expresar ciertos sentimientos.
Fuentes | sciencedaily, dovepress, virtualmedicalcentre y ncbi.nlm.nih
Estudio original | news.yorku
Imagen | Synergy by Jasmine (Licencia Creative Commons)
Sumergido en las profundidades de la naturaleza reconozco lo mucho que tengo y lo poco que necesito para encauzar mi vida hacia la felicidad.
Gabriel Blanch Ríos, un ciudadano más.
El pasado martes, después de muchos años sin vernos, conversé con una persona muy especial en mi vida con la cual, además de compartir muchas vivencias, me ha brindado sabias lecciones. Por un momento, retrocedimos diez años atrás y recordamos el principal motivo que destruyó nuestra relación. Pero si algo he aprendido con el paso de los años es que nuestros actos, en gran medida, definen nuestros recuerdos futuros y, en ocasiones, los errores nos alejan de personas muy importantes para nosotros. Y sólo cuando las perdemos nos damos cuenta de lo mucho que las necesitamos. El caso es que, durante el transcurso de la conversación, me confesó algo que generó en mí un profundo sentimiento de pesadumbre e impotencia que, sinceramente, me sorprendió. “Tengo lupus. Haznos un homenaje el Día Mundial del Lupus para dar a conocer la enfermedad“, espetó. Y, como no podía ser de otro modo, decidí ponerme manos a la obra.
El lupus es una enfermedad inflamatoria no contagiosa (está considerada enfermedad rara) que se caracteriza, principalmente, porque el sistema inmunológico (sistema de defensa humano) ataca a estructuras sanas (células, tejidos u órganos) por error. En condiciones saludables, la función del sistema inmunológico es combatir agentes patógenos (entidades biológicas capaces de provocar enfermedades) como, por ejemplo, virus y bacterias, para expulsarlos del cuerpo y que no provoquen una enfermedad. Pero cuando un individuo padece lupus, para entendernos, tiene un sistema inmunológico que es enemigo de su propio cuerpo y ataca directamente a células, tejidos u órganos sanos.
El origen se desconoce, aunque se asocia a algunas infecciones, consumo de ciertos medicamentos (minociclina o hidralazina), luz solar, cambios hormonales, factores genéticos y factores ambientales.
Dependiendo de las estructuras que resultan afectadas, los síntomas pueden ser muy variados: erupción en la piel, cansancio, pérdida de peso, fiebre leve, alteraciones en la circulación de la sangre, úlceras bucales, caída de cabello y reducción del número de glóbulos blancos (sistema de defensa humano) o plaquetas y dolores musculares y articulares. En casos más graves, puede desencadenar en mal funcionamiento de riñones, problemas de corazón y pulmones y alteraciones del sistema nervioso.
Contrariamente a lo que muchos piensan, no es una enfermedad mortal. Se trata de una enfermedad crónica porque no disponemos de tratamiento curativo, pero existe tratamiento farmacológico que controla su evolución y alivia los síntomas.
Un aspecto a tener muy presente, como ocurre con la fibromialgia, es la incomprensión social que sufren los enfermos de lupus y, como consecuencia, el aislamiento al que se ven sometidos (dificultad para acceder al mercado laboral, deterioro de relaciones sentimentales, insensibilidad por parte de los amigos…). Los fuertes dolores musculares y articulares que provoca, debido a la falta de información y a los prejuicios, tiende a relacionarse con problemas emocionales o psicológicos y se hace caso omiso.
En España, el lupus afecta a 50.000 personas y se estima que hay cinco millones de afectados en todo el mundo (90% mujeres), lo cual debería motivarnos a adquirir información para evitar caer en prejuicios absurdos que derivan en una confusión inenarrable.
Debemos aprender a escuchar a las personas, a comprender su dolor y anteponer el amor sincero a los intereses individuales. Sólo así podemos dictar unos patrones de conciencia que eliminen estereotipos y fomenten la veracidad.
Y para finalizar, me gustaría dirigirme exclusivamente a ti: difícilmente podré olvidar tus palabras. Pero me reconforta mucho el sentimiento que me embargó porque corrobora lo importante que eres para mí. Siempre que me necesites estaré a tu lado.
Fuentes | patient, nlm.nih y tuotromedico
Federación Española de Lupus | felupus
Imagen | literativa (Licencia Creative Commons)
Vivimos sumergidos en una burbuja que no nos deja respirar, contemplando estupefactos el espectáculo de la vida, esperando que se encienda la luz que nos guíe por el camino que tanto anhelamos. Pero la espera se eterniza y nuestra existencia adquiere un sentido azaroso que nos impide cultivar el espíritu y la conciencia de los demás. Y es que, a pesar de que siempre tendemos a culpar a otros de nuestras desgracias, el bienestar común depende de cada uno de nosotros y de la educación que reciben las generaciones venideras.
En cierta ocasión, me encontraba en un paso de peatones dispuesto a cruzar la carretera para continuar mi camino hacia casa. El estruendo de los coches interfirió en mi equilibrio espiritual y realicé varias respiraciones profundas para menguar los efectos del ruido. Los entornos ensordecedores no me permiten contemplar la belleza del silencio y no me resultan atractivos. Giré la cabeza a mi izquierda para cerciorarme de que no venían coches y cruzar con seguridad, pero un movimiento improvisado motivó que experimentara una situación que me impidió dar el primer paso. A mi derecha, un niño me miraba fijamente sin pestañear, sin apartar la mirada de mis ojos, penetrando en lo más hondo de mi ser. En pocos segundos, mi interior se bloqueó y permanecí inmóvil hasta que el semáforo se puso en verde. Mi conciencia me habló y yo la escuché con especial atención: “si cruzas el semáforo en rojo obstaculizarás la educación del niño porque su madre, seguramente, le repetirá una y otra vez que no cruce los semáforos en rojo y si ve que tú lo haces le provocarás un conflicto de interno“. Anonadado, obedecí a mi yo interior y reanudé mi camino, pero antes me despedí de la criatura. Sonreí y le dije adiós con la mano. Él esbozó una tímida sonrisa y me devolvió el adiós.
Muchas personas tratan de desgranar las causas que han provocado la actual crisis de conciencia para responder a la enorme cantidad de incógnitas que acechan en sus mentes y comprender el cambio que está sufriendo la sociedad. Pero resulta imposible adentrarnos en la raíz de la nueva realidad social si no somos capaces de asumir la responsabilidad que tenemos todos y cada uno de nosotros.
Continuamente cruzamos semáforos en rojo fomentando la rebeldía, exacerbando el individualismo y escondiendo los sentimientos. Sólo cuando damos un sentido subjetivo a nuestra existencia podemos evolucionar acorde con nuestros pensamientos. De lo contrario, estamos destinados a obedecer un patrón absurdo e irracional que nos impide cruzar los semáforos en verde.
Imagen | taringa
Algunos consideran insignificantes a los animales pequeños cuando, en realidad, los insignificantes son aquellos que no aprecian la vida de otros seres.
Gabriel Blanch Ríos, un ciudadano más.
Una madre es el refugio de la desolación, el abismo de la comprensión, el rincón de la esperanza. Un ser que ahonda en nuestras entrañas para entregar un amor eterno y desinteresado capaz de superar obstáculos insospechados.
Gabriel Blanch Ríos, un ciudadano más.
En un mundo donde muchos humanos se limitan a existir, es normal que los espíritus elevados busquen amparo en seres que están dispuestos a entregarse sin esperar nada a cambio: los animales.
Gabriel Blanch Ríos, un ciudadano más.
Se dice que un año es bisiesto cuando dura 366 días. Cuando nos preguntan cuántos días tiene un año respondemos 365, y es cierto, pero debemos tener en cuenta que es un dato impreciso.
Como todos sabemos, la Tierra gira alrededor del Sol y el tiempo exacto que necesita para dar una vuelta es de 365 días, 5 horas y 56 minutos, prácticamente 365 días y 6 horas. Estas 6 horas de más que nunca tenemos en cuenta al definir el tiempo que dura un año son fundamentales. Es la razón por la que existe el año bisiesto. Si no tuviéramos en cuenta estas 6 horas, pasados 4 años tendríamos una diferencia de 1 día (6 horas x 4 años = 24 horas), pasados 12 años ascendería a 3 días (6 horas x 12 años = 72 horas) y podrían producirse cambios meteorológicos bruscos (el aumento de días modificaría el periodo de las estaciones del año provocando importantes variaciones en las condiciones climáticas).
Su origen data de la era precristiana cuando Julio César (100 a. C. – 44 a. C., destacado líder político y militar del Imperio Romano) instauró en el año 46 a. C. el calendario juliano basado en el movimiento del Sol para medir el tiempo y Gregorio XIII (1502 – 1585, papa n.º 226 de la Iglesia católica entre 1572 y 1585) lo reformó en 1582 nombrándolo calendario gregoriano, actualmente normalizado en todo el mundo.
Muchos de vosotros os preguntaréis: ¿por qué se añade el día del año bisiesto al mes de febrero, correspondiendo al día 29? Sencillamente, porque es el mes más corto y, en vez de alargar otros meses, se prefirió equilibrar el número de días que constituye cada mes.
Imagen | grupolapostaa